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IMPLANTES DE RELLENO
La infiltración de sustancias de relleno facial consiste
en la realización de microinyecciones de determinadas
sustancias en los puntos de la piel en los que existe una arruga,
surco, depresión o pliegue hasta lograr que desaparezca, se difumine
o adquiera un volumen adecuado.
Hoy en día son muchas las personas que buscan mejorar su
aspecto físico sin necesidad de pasar por el quirófano ni por la
temida anestesia.
En el caso de los rellenos faciales, con sólo unos
pinchacitos y sin necesidad de anestesia (o como mucho con un poco de
anestesia local), podemos conseguir unos resultados sorprendentes,
dar un aspecto más juvenil al rostro, aumentar el volumen de los
pómulos, modificar los labios para hacerlos más carnosos y sensuales
e incluso alisar la piel.
Las sustancias que se utilizan para el relleno son
biocompatibles y los resultados de los productos utilizados resultan
más o menos duraderos.
Para inyectar las sustancias se utiliza una aguja muy
fina y, dependiendo de la extensión de la zona a tratar y del
resultado que se desee, se necesitará más o menos cantidad de
producto.
En la mayoría de los casos se requieren varias sesiones.
El profesional, casi siempre, opta por no sobrecorregir en la primera
sesión, y al revisar al paciente, si lo precisa, se le inyectará un
poco más de producto. Es preferible corregir paulatinamente, que
producir una hipercorrección que pudiera no ser bien aceptada e
incluso irreversible. Por lo tanto es posible que se requieran varias
sesiones para conseguir un resultado óptimo.
Una vez que se consigue el aspecto deseado, los
resultados duran entre seis meses a dos años, dependiendo de la
sustancia utilizada y del propio metabolismo del paciente.
Con las infiltraciones se consigue:
- Eliminar, atenuar o difuminar las arrugas.
- Disimular la marca de cicatrices.
- Aumentar el volumen de los pómulos, mejillas o mentón.
- Aumentar el volumen de los labios y darles una
apariencia sensual.
- Alisar la piel.
- Dar al conjunto del rostro un aspecto más joven y
sano.
Así podremos diferenciar unos implantes faciales de
otros:
1-Inyectables de corta duración y degradables (con
una duración de entre seis meses y un año).
2-
Inyectables de mediana duración y degradables (con
una duración variable de uno a tres años).
3- Inyectables permanentes y no degradables (de
duración ilimitada). No se rebsorben por el organismo, suelen ser de
origen sintético y los resultados no suelen ser tan naturales porque
pueden provocar desplazamientos o encapsulamientos (bultitos).
4- Inyectables mixtos (contienen un producto
degradable, asociado a uno permanente).
La elección del producto dependerá de la zona a tratar,
del volumen que deseemos obtener y del tiempo que pretendemos que
dure el efecto.
Algunos de estos materiales actúan por simple relleno, pero la
mayoría, además, estimulan alguna respuesta tisular (neoformación de
colágeno) o inducen una reacción de fibrosis a su alrededor.
Cada material tiene una técnica específica de
aplicación, que incluye la manera de ser implantado, el tipo de
aguja, la cantidad de producto que se aplica en cada sesión, la forma
de colocación, la profundidad del implante, la manipulación
posterior, el número de sesiones, etc.
A veces se requiere la combinación de varios implantes
para tratar un mismo problema y poder obtener un óptimo resultado.
La sesión dura de quince minutos a una hora, se realiza de forma
ambulatoria y no requiere quirófano.
Al finalizar la colocación del implante podrían
aparecer, rojeces, inflamaciones, sangrado y pequeños hematomas que
desaparecerán espontáneamente (mientras tanto podrán disimularse con
maquillaje).
El/la paciente puede incorporarse inmediatamente a su
actividad habitual, aunque siempre se recomienda evitar en los días
posteriores cualquier acto social por si aparece con el tratamiento
cualquier reacción adversa.
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